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Barcelona, Noviembre 1999
Cuando hablamos de una "cultura de la
vida", o de una "cultura de la dignidad", exactamente ¿qué
es lo que queremos decir?.
Quizá, al menos para algunos, "una
cultura de la vida", se entiende como una cultura en la que el disfrute
de los placeres de la vida, los placeres sexuales especialmente, y el
disfrute de los placeres de consumo, (bienes que se pueden conseguir con el
dinero ) está al alcance de todos.Que esta manera de entender "cultura
de la vida" y "dignidad humana" no es ciertamente la correcta
lo ilustra muy bien el hecho de que, en las últimas décadas, y en los
países más ricos del mundo, donde la permisividad sexual ha alcanzado las
cotas mas altas, el número de suicidios entre jóvenes adolescentes, se ha
multiplicado por cuatro y, en esos países se ha producido además el hecho
curioso de que a juzgar por el aumento paralelo de prácticas homosexuales
entre los jóvenes, la satisfacción sexual, hasta hace poco bien vista solo
dentro de la familia normalmente constituida, se ha visto afectada
negativamente, precisamente por la permisividad indiscriminada que es
contraria a los valores cristianos tradicionales.
La cultura del desprecio a la vida
humana (anticoncepción , aborto, eutanasia, sexo barato y abundante) se
ha extendido por todas partes al mismo tiempo que se ha producido el hecho
cultural del triunfo del feminismo contemporáneo radical, contrario al
reconocimiento de la maternidad como la manifestación mas clara y evidente
de la dignidad femenina, que hace a la mujer, por su misma condición,
valedora suprema de la vida y de la familia.
Es indiscutible que durante los últimos
cien años la Iglesia Católica, a través de los sucesivos Romanos
Pontífices, ha sido la gran defensora de la familia, de la vida, y de la
dignidad de la mujer, y, su elocuente defensa que, por desgracia, pocas
veces recibió la atención y el interés de los gobiernos y los organismos
internacionales, se recoge en una impresionante serie de encíclicas y
documentos papales. Ya León XIII ("Rerum Novarum"-R.N. )
defendió el salario familiar justo, haciendo notar que "los dictados
de la justicia natural son mas imperiosos que cualquier negociación
humana". De hecho, ¿cuan libre es un trabajador cualquiera para llegar
a un acuerdo satisfactorio frente a un empresario? (RN, 45-46) .
Poco antes hacía notar también
el hecho
de que "la mujer está mejor preparada por su propia naturaleza para el
trabajo en casa...mejor adaptado a un tiempo para preservar su modestia y
para promover el cuidado de los niños y el bienestar de la familia. (RN,4)
Pío XI (" Casti Connubi" CC.,
" Quadragésimo Anno" QA ) dió un aviso temprano y admirablemente
certero (CC) sobre lo que se avecinaba para la familia y para la mujer, su guardián
natural en una sociedad de raíces cristianas. Lo que se avecinaba,
en la palabras proféticas de Pío XI era lo que ha venido después : el
aborto, la anticoncepción, el divorcio libre y el feminismo radical (a
menudo tan anti-femenino ) . Lo que los falsos profetas estaban proponiendo
"no era la verdadera emancipación de la mujer, ni esa razonable y
exaltada libertad que pertenece al noble oficio de una mujer y una esposa
cristiana, sino mas bien, la devaluación del carácter femenino y de la
dignidad materna y, ciertamente, de la institución familiar, como resultado
de la cual, el esposo pierde su esposa, los niños su madre, y la casa y la
familia entera, su mas atenta valedora" ( CC-74 ). Según Pío XI,
" El salario pagadero al trabajador debe ser suficiente para el
sostenimiento propio y el de su familia", al tiempo que es justo que
"el resto de la familia contribuya , según sus fuerzas, a la común
manutención, como ocurre en la casa rural o en la de muchos artesanos y
comerciantes ..."Es muy desafortunado el abuso, por el cual, madres de
familia, obligadas por el salario insuficiente del padre, se ven forzadas a
ganar un dinero fuera de casa, descuidando los deberes propios,
particularmente, la educación de los hijos". (QA, 7).
Pío XII en su " Alocución a las
mujeres italianas" ( AMI, 194 ) dice :" En su personal dignidad,
como hijos de Dios el hombre y la mujer, son absolutamente iguales, como lo
son con respecto al fin último de la vida humana, la unión definitiva con
Dios en la felicidad del Cielo. Es una gloria de la Iglesia que ella haya
puesto estas verdades bajo su propia luz y en el sitio de honor que les
corresponde, y que ella, la Iglesia , haya liberado a la mujer de una
esclavitud degradante y antinatural".
.....”Ahora
bien, la esfera propia de la mujer, su estilo de vida, su ser natural, se
encuentra en la maternidad. Toda mujer está hecha para ser madre,
madre en el sentido físico de la palabra, o madre en el sentido espiritual,
más elevado, pero no menos real. Para este propósito organizó el Creador
toda la hechura característica de la mujer, su constitución orgánica,
pero mas todavía, su espíritu y, sobre todo, su delicada sensibilidad. Así,
la mujer de cuerpo entero ve los problemas de la vida solo en la perspectiva
de la familia. Por ello, precisamente, su fino sentido de la dignidad la
pone en guardia cada vez que el orden político o social amenaza con
perjudicar su misión natural y el bien de la familia”... Y, en lo
referente a las clases trabajadoras el Papa observa que “ una mujer
forzada a ganar diariamente el pan fuera de casa, podría darse cuenta ,
reflexionando sobre el caso, que la paga suplementaria que gana trabajando
fuera, fácilmente se va por otros gastos, o por lo que se desperdicia en
perjuicio del presupuesto familiar”.
Y en las palabras dirigidas a la
“ Federación de Mujeres Italianas” (FMI,l956) aludiendo al mandato del
Creador de someter la tierra, Pío
XII afirma lo siguiente:” Debido a este objetivo temporal no hay campo de
la actividad humana que deba permanecer cerrado a la mujer, sus horizontes
alcanzan a la política, el trabajo, las artes, el deporte, pero en
subordinación siempre a las funciones primarias que le han sido fijadas por
la naturaleza misma. El Creador, con su modo maravilloso de sacar armonía
de la variedad, ha establecido un destino común para toda la humanidad, y
les ha dado funciones diferentes y complementarias a los dos sexos como a
dos vías que llevan al mismo fin”.
Juan XXIII se dirigía en 1961 a
varias asociaciones de mujeres italianas en estos términos : “
Precisamente para atraer a esposas y madres a sus funciones propias en la
casa es para lo que Nos en nuestra encíclica “ Mater et Magistra” (MM),
como hicieron nuestros predecesores en documentos memorables, expresamos
nuestra preocupación de que los salarios sean suficientes para sostener a
los trabajadores y a sus familias”.
Todos sabemos que Pablo VI hizo pública
su encíclica “Humanae Vitae” (HV,1968) con el muy loable propósito de
salvar el respeto a la mujer, a la maternidad, a la vida de familia y en última
instancia, a la vida humana. El mensaje fue, en gran medida, ignorado, y la
ola de barbarie contraria a la vida se ha extendido, como bien sabemos, por
todas partes. En nuestra cultura, dominada por revistas como “Play
–boy” o como “Interviú”, la mujer ha pasado a ser un objeto
destinado a ser usado para el disfrute sexual, y a ella se la ha estimulado
a ver al hombre como un objeto similar. La maternidad ha pasado a ser una
enfermedad, que las mujeres inteligentes, tratan de evitar por métodos químicos
o mecánicos, y los “errores” se rectifican a sangre fría mediante al
recurso al aborto voluntario.
Juan Pablo II, ya en una de las
primeras Audiencias Generales, poco después de su elección, (10 de Enero
de 1979), dice: “La maternidad es la vocación de la mujer. Es una vocación
eterna, y tambien una vocación contemporánea....Habrá que hacer todo lo
que sea necesario, para que esta expléndida vocación no se rompa en la
vida interior de las nuevas generaciones; para que la autoridad de la mujer
y de la madre no pueda verse reducida a la vida familiar, social, pública”.
Dos grandes encíclicas “
Laborem Exercens” (LE) y “ Familiaris Consorcio” (FC) , inciden en el
tema vital de la mujer en la sociedad y en la familia. No podemos
extendernos, por razones obvias, en todas las citas que serían merecedoras
de mención especial. Baste una admonición especialmente oportuna: “ La
mentalidad que honra a las mujeres mas por su trabajo fuera de casa que por
la labor en el seno de la familia debe ser superada
(FC-23)
En el último tercio de siglo, y delante de nuestros propios ojos ( a pesar
de las advertencias de León XIII , de Pío XI ,de Pío XII, de Juan XXIII,
de Pablo VI, de Juan Pablo II) ha tenido lugar una
rápida suplantación de una mentalidad ampliamente compartida, a
favor de la vida, de raiz netamente cristiana, por una mentalidad nueva,
indiferente, y a la vez hostil a la vida, que con toda propiedad, podemos
llamar neo-pagana
Cuando el Cristianismo se extendió
por el Imperio Romano, ( como decía San Agustín, con milagros o sin
milagros, pero en este caso sería el mayor milagro de todos), imponía
nuevas y severas exigencias morales a los que abrazaban la nueva fé, muchas
veces opuestas a las prácticas paganas entonces dominantes. En Roma se
usaba todo tipo de control de natalidad, (profiláctico, médico, mágico).
Se aceptaba el aborto y el infanticidio, el divorcio, la homosexualidad y el
suicidio.
Durante mil años el Cristianismo
fue evangelizando a los pueblos de Europa y todas aquellas prácticas
paganas fueron dejando de ser respetables, y de ser aceptadas por las leyes
vigentes. El Cristianismo ha sido,sin duda, la fuente histórica de nuestro
orden moral y, por tanto, de nuestro orden jurídico. Y la mentalidad
neo-pagana, que tan rápidamente ha ido ganando terreno en este último
tercio de siglo, empezó a hacerse presente en Europa hace ya unos
quinientos años. Sus epígonos fueron socavando paulatinamente los
argumentos morales cristianos y llevando a cabo una lenta, pero efectiva,
desevangelización de nuestros pueblos, que se ha traducido, finalmente, en
una transición de un sistema de leyes cristianas a un sistema nuevo, muy
parecido al sistema pagano antiguo que precedió al orden moral medieval
cristiano. En un par de generaciones, nada más , se ha ido legalizando el
control artificial de natalidad, el aborto, la homosexualidad, la eutanasia
y el infanticidio tolerado en la práctica (Holanda
y otros países occidentales). Hoy se habla mucho de derechos humanos
(un concepto originalmente cristiano), pero esos derechos, son ignorados en
la práctica a una escala sin precedentes. Nuestro cuerpo de doctrina legal,
que refleja dos tendencias opuestas, es contradictorio y lleno de parches ;
y la raíz de estas contradicciones es sorprendentemente simple : el
Cristianismo sostiene que todo
ser humano tiene un alma inmortal y un destino eterno ; el neo-paganismo
contemporáneo afirma que un ser humano es un animal, algo mas evolucionado,
pero un animal como otro cualquiera. El cristiano lo tiene todo que temery
todo que esperar de otra vida. Para el pagano, solo aquí y ahora hay algo
que temer y algo que esperar.
De cara al nuevo siglo, que pronto
va a empezar, es oportuno recordar que la mentalidad neo-pagana hostil a la
vida que, en tan poco tiempo, ha conseguido tantas victorias, no tiene mucho
futuro. Para Transmitir y preservar la vida es necesario amar la vida. Como
defensores de la vida, en unos tiempos que no son favorables a la vida,
nosotros tendremos que seguir luchando nuestras pequeñas o grandes batallas
de todos los días , bajo la mirada de Dios, preparando un renacer de la
cultura de la vida, que puede tardar en
llegar.
El ejemplo de muchos defensores de
la vida que nos han acompañado o nos han precedido, debe servirnos de estímulo.
Por el momento nos basta saber que la principal riqueza de un pueblo no está
en sus tierras, ni en sus industrias , en sus recursos naturales o en sus
tesoros artísticos..., la principal riqueza está en sus mujeres,
encargadas por Dios de transmitir la vida, de cuidarla (especialmente en los
primeros años ), de enseñar a amar, a rezar, a sacrificarse por aquello
que de verdad merece la pena.
Para la transmisión y la tutela
de la vida, la relación hombre –mujer tiene algo de sagrado, previsto así
en el plan de Dios, y la función de la mujer es la mas importante.
Julio A. Gonzalo
Adevida,
Madrid
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