Hace poco en Paris, Juan Pablo II, cuya capacidad de
convocatoria para los jóvenes no parece disminuir con los años,
aprovechaba su breve estancia en la capital francesa para rezar ante los
restos mortales del Prof. Jeròme Lejeune , científico francés de renombre
mundial y denodado defensor de la vida humana desde la concepción a la
muerte natural .
Según recogió la prensa de aquellos días, el gesto del
Papa fue acogido en algunos medios parisinos con estridentes protestas,
pretendidamente descalificadoras para la figura del Prof. Lejeune.
Solo un breve recordatorio de sus sobresalientes
contribuciones científicas, justamente celebradas en sesión académica del
1 de Marzo de 1995 por nuestra Real Academia de Medicina. En ella su
Presidente, Prof. Duran Sacristan, el Prof. Botella Llusiá, y el Prof.
Lacadena, glosaron elocuentemente sus numerosas contribuciones a la ciencia,
merecedoras del Premio Nobel según algunos de sus distinguidos colegas.
A los 33 años había descubierto la anomalía
cromosómica trisomía 21 , que origina el mongolismo, utilizando nuevas
técnicas experimentalesque revolucionarían la Genética. Mas de ocho mil
pequeños pacientes mongólicos del mundo entero, a la mayoría de los
cuales él conocía por su nombre de pila, y sus padres, a quienes él
había ayudado a aceptar y querer a sus niños "distintos de los demás
", atestiguan su entrega a la profesión médica y su amor a la vida.
Mas tarde , sus trabajos contribuyeron notablemente a
perfeccionar los conocimientos genéticos y bioquímicos sobre el sistema
nervioso. Por la práctica permanente y cotidiana de la medicina, por sus
numerosas consultas e intervenciones, Lejeune devolvió a muchos padres de
jóvenes mongólicos la capacidad de sobreponerse a un destino adverso y la
de probar y manifestar el amor a sus hijos y ser correspondidos por ellos.
Merecedor de altas distinciones científicas y premios
internacionales . Miembro correspondiente de varias Academias de Ciencias (
Roma, Londres, Estocolmo, Boston...). Doctor "Honoris Causa" de
distintas universidades europeas y gran amigo de España, el Prof. Lejeune,
cuya preclara inteligencia iba unida a un gran corazón, se hizo merecedor
del respeto , el cariño y la admiración de todos nosotros.