| Son muchas las opiniones
que han surgido sobre la eutanasia desde que en Holanda primero se despenalizó
y luego se legalizó la misma. Nuestra pretensión no es otra
que hablar claramente de lo que se trata la eutanasia, un término
muy manoseado y confuso, pero muy circunscrito en el fondo.
Comencemos con algunas distinciones terminológicas necesarias:
1. - Eutanasia activa: toma de decisiones
que pretenden de forma deliberada acabar con la vida del paciente que sufre.
A su vez puede ser voluntaria, si es solicitada por el propio paciente,
o involuntaria, sin consentimiento, en cuyo caso hablamos de homicidio.
2. - Eutanasia pasiva: es el cese de toda
actitud terapeútica que lleve a una prolongación de la vida
en un paciente en fase terminal. Este término ya está en
desuso, ya que no se trata de una acción directa, y se conoce más
como suspensión de medidas de soporte vital, por lo tanto recordemos
que no se habla de eutanasia, y es el principio que defienden desde los
Cuidados Paliativos a pacientes en situación terminal comprobada.
3. - Eutanasia indirecta: se trata del
efecto de muerte de un paciente a consecuencia de un efecto secundario
de un tratamiento que pretende el alivio sintomático en el seno
de una enfermedad y de una situación clínica que lo hace
insoportable. Este principio también se maneja en Cuidados Paliativos
en pacientes en situación terminal; la muerte no es pretendida,
es colateral al intento de alivio de un síntoma que llevará
de cualquier modo a la muerte, pero que puede ser aliviado.
4. - Distanasia: se trata de la prolongación
de la vida de forma artificial, de la vida biológica, por lo tanto
es aquí donde hablamos de encarnizamiento terapeútico.
5. - Ortotanasia: buena muerte, en el
momento adecuado y sin sufrimiento.
Esta clarificación terminológica es fundamental
porque como hemos podido comprobar hablamos de eutanasia cuando es activa
voluntaria. Este es el supuesto que queda recogido en la ley holandesa
que acaba de ser legalizada.
Aquí quedan otra serie de cuestiones éticas,
como son:
* Cuándo se retiran las medidas de soporte vital.
* Problemas éticos de los Cuidados Paliativos, donde a veces
puede quedar amparado el término de suicidio asistido (aunque los
profesionales que trabajan en este campo cuentan con recursos para hacer
frente a este tipo de situaciones).
* Distinción entre el homicidio (hemos visto que sería
el caso de la eutanasia activa involuntaria), y el “dejar morir” (o retirada
de medidas de soporte vital).
* El derecho a morir con dignidad, evitando el encarnizamiento terapeútico
(a veces incluso demandado por los familiares de los enfermos, o por los
profesionales que los atienden).
* Tomar en cuenta el proceso de lo que se llama el consentimiento
informado, que no es más que tener en cuenta la opinión del
paciente, con todas las dificultades que esto conlleva.
* Responsabilidad y obligación del equipo de profesionales
que atienden a estos enfermos. Sería interesante conocer hasta qué
punto el paciente cuenta con apoyo de su equipo, hasta qué punto
el profesional ha trabajado una relación de confianza, donde haya
espacio para la comunicación con el paciente, un lugar para la expresión
de temores y miedos, y una posibilidad para el alivio de aquellos síntomas
que pueden desesperar al paciente hasta el punto de solicitar que acaben
con su vida.
* Consecuencias de la legitimación de la eutanasia. Puede
ser una pendiente resbaladiza donde quepan situaciones que no se han analizado
de forma ni ética ni adecuada, y el enfermo no cuente con juicio
claro para elegir.
IMPLICACIONES DESDE LA BIOÉTICA
Los principios básicos de la bioética son los
siguientes:
1. - No maleficencia, no hacer un mal.
2. - La justicia, todos los seres humanos tenemos la misma
dignidad, no hay discriminación justificable a la hora de prestar
una atención sanitaria.
3. - La beneficencia, los conocimientos del profesional son
para hacer el bien al paciente.
4. - Autonomía, el derecho del paciente a decidir, muy
ligado al proceso del consentimiento informado.
Analicemos pues el proceso de la eutanasia bajo el prisma de
la bioética y sus principios.
Desde el punto de vista de la no maleficencia es fácil
darse cuenta que quedaría vulnerado en el proceso de la eutanasia.
Quedarían incluidos tanto aquellos profesionales que dejan de hacer
algo que hay que hacer en el caso de un enfermo con situación clínica
determinada (ejemplo, no intervenir a una paciente con SIDA tras un accidente
de tráfico que puede costarle la vida por el hecho de la enfermedad),
como también aquellos profesionales que alargan la situación
de un enfermo terminal con medidas extraordinarias proporcionadas o no,
sin esperanza de curación, que causará sufrimiento añadido
a ese paciente, recordemos que aquí hablamos de distanasia.
El punto medio en esta situación sería la ortotanasia,
en procesos reversibles aplicar medicina curativa, y en procesos terminales
lo que se llama medicina paliativa.
Desde el segundo punto de vista, la justicia, quedaría
vulnerado si se tomara en cuenta un diagnóstico para cambiar una
decisión, como por ejemplo en una caso de paciente con SIDA, o con
antecedentes penales.
Bajo el tercer principio, la beneficencia, clásico en
la Medicina Tradicional, base del Juramento Hipocrático y los Códigos
Deontológicos, se ampara la puesta de todos los conocimientos
disponibles para el bien del enfermo, que va desde aplicar tratamientos
necesarios para ayudar a vivir, y hasta dónde aplicarlos para ayudar
a morir con dignidad.
En cuanto al cuarto principio, la autonomía, es el principio
que se ha plasmado en las cartas de los Derechos de los Enfermos, muy asociado
al proceso de consentimiento informado (cuanto se haga al enfermo debe
de ser después de que haya dado su permiso libremente, tras haber
recibido la necesaria y comprensible información). Sería
importante en casos donde un enfermo pueda crea dudas sobre su competencia
el poder valorarlo mediante los criterios oportunos. Sin embargo sería
bueno comenzar por el principio de presunción de autonomía,
porque la propia enfermedad puede ser un tiempo oportuno para clarificar
y decidir sobre aspectos fundamentales de la propia vida. Los enfermos
viven con más radicalidad la condición humana, la pobreza,
la contingencia y la caducidad.
Por lo tanto habría que plantearse aquí hasta
qué punto un enfermo en situación de gravedad desea acabar
con su vida realmente, o por el contrario se trata de una demanda de atención
sobre cuestiones colaterales que resultan aversivas, como puede ser el
dolor, la ansiedad, o la pérdida de la autonomía. El conocer
estos datos y buscar soluciones podría también acabar con
muchas demandas de este tipo. La lucha por lograr condiciones de soporte
y confort pueden reducir al máximo la posibilidad de que el enfermo
plantee la eutanasia activa directa y voluntaria.
Potenciar a fondo nuestros recursos personales, técnicos,
relacionales y sociales se ha convertido en un DEBER MORAL.
No olvidemos que una sociedad “eutanásica” es aquella
que desde sus estructuras y su funcionamiento acortan la vida de sus ciudadanos,
y más concretamente de los más vulnerables. A mayor vulnerabilidad
de la población afecta mayor responsabilidad del sistema y de los
que lo componemos.
Por lo tanto es de vital importancia la corresponsabilidad
en generar condiciones de posibilidad de una vida digna, en la línea
de ofrecer alternativas que se contrapongan a la eutanasia activa directa
y voluntaria. Heidegger decía que el hombre es un “ser para la muerte”,
una manera de afirmar que estamos condenados a morir. Siendo esto esencialmente
cierto, no quiere decir por ello que estemos condenados a morir de cualquier
forma, sino que estamos obligados a crear esas condiciones que posibiliten
un proceso vital significativo, lo que también incluye un significativo
proceso de muerte. ¿Quién ha dicho que sea cierto que la
mejor muerte es la rápida o la silenciosa?. ¿Acaso no es
legítimo plantearse la posibilidad y el deseo de realmente vivir
el morir?. Por lo menos deberíamos pensar en la posibilidad de ofrecerlo.
Se trata pues de vivir una vida llena de sentido, dar más
vida a los días, no más días a la vida a toda costa.
Dra Mª José Ávila Sánchez
Médico de Familia.
Especialista en Cuidados Paliativos
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