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ANTICONCEPCIÓN Y PLANIFICACIÓN NATURAL




El  uso de anticonceptivos  supone el pago  de un alto precio para   evitar embarazos no deseados. La anticoncepción  es  contraria  a   la  ley  natural, supone riesgos  significativos para la salud, le inclina a uno al egoísmo y compromete  la intimidad matrimonial. Además,  la anticoncepción no tiene un éxito pleno para evitar  el embarazo. Se puede   pagar este alto precio  sin asegurar por ello  el objetivo que se supone compensa todos los inconvenientes anteriores.

Por otra parte la planificación natural es un medio efectivo y fiable de regular la fertilidad, sin ninguno de los efectos físicos colaterales, o  las secuelas desmoralizantes  de la anticoncepción.  La planificación natural hace honor a la integridad y la intimidad de los esposos. La Dra. Wanda Pottawska (Krakovia) usa la planificación natural como terapia para parejas que se han distanciado como consecuencia del uso de anticonceptivos en sus relaciones matrimoniales. Nona Aguilar, autora del libro "No-Pill No-Risk Birth Control", recoge datos fehacientes de parejas cuyas relaciones mejoraron notablemente al abandonar los anticonceptivos y adoptar la planificación natural.

Hay  dos deseos  básicos innatos en el hombre (y en la mujer): un deseo de lo infinito y universal y un deseo de lo íntimo y personal.  Ambos deseos son muy poderosos, e  interfieren entre sí  a menudo. El gran problema en  la vida  es cómo  reconciliarlos. La ambición aspira  a lo universal,   la  pasión  se orienta a lo personal.

Es a través de la unión marital  como esa ambición y esa pasión se domestican y se elevan, al reconciliar lo íntimo y lo universal. El esposo está en intimidad con la esposa y, al mismo tiempo, en unión con Dios, el Ser Infinito  que crea la vida  mediante actos de intimidad humana. La  unión amorosa entre esposos es creadora, no sólo  en tanto que  está abierta a traer una nueva vida humana  al mundo, sino en cuanto que armoniza esos dos deseos   fundamentales hacia lo íntimo y hacia lo infinito, y hace más plenos a los que se aman.

La  intimidad  requiere  "conocimiento", palabra usada   en el Antiguo Testamento  para referirse a  la unión sexual, al mismo tiempo que "amor", en el sentido más estricto de ambos términos.

Pero el conocimiento y el amor requieren valor, y el valor necesita de la fe. El matrimonio requiere, por tanto, virtudes  extraordinarias y bien  cultivadas. Cierto, la intimidad matrimonial es difícil, y está amenazada hoy  en todos los   frentes. Pero las  dificultades palidecen comparadas con la recompensa. Es el antídoto supremo, y accesible a todos, contra la soledad, el egoísmo, el miedo y la alienación.

Es el medio natural e insustituible para concebir una nueva vida, y, a través de ella, ofrecer una esperanza nueva a un mundo cansado.

Lo anterior es un extracto  de un artículo mucho más  extenso de D. de Marco en "New Oxford Review" de Septiembre de 1998.

Para este y otros temas relacionados con la familia  es referencia obligada y actual la encíclica "Familiaris Consorcio" de Juan Pablo II.


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